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domingo, 23 de noviembre de 2008

El “ataque de pánico”
Una de cada treinta personas sufrirían este trastorno, cuya base es de angustia
Cuando alguien llega al consultorio del psicólogo o del psiquiatra alegando un “ataque de pánico”, se pone a sí mismo esa etiqueta como un modo más seguro para él mismo de saber lo que tiene. Pero no hay recetas mágicas para curarlo: la clave es poder descubrir por qué le ocurre.
Palpitaciones, taquicardia, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de ahogo o falta de aire, sensación de atragantamiento o de opresión en el pecho, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad y mareo, escalofríos o sofocaciones, sensación de desmayo y una sensación de irrealidad que todo lo invade: algunos refieren, incluso, estar como separados de sí mismos. En medio de un ataque de pánico, la persona tiene miedo de perder el control, de volverse loco y, en general, piensa que se va a morir inminentemente.
Los especialistas hablan de una frecuencia de una entre cada treinta personas. Hace ya varios años que el ataque de pánico ,una nueva forma de presentación del ataque de angustia ha inundado los consultorios de psicólogos y psiquiatras. La denominación panic attack fue identificada e incluida por la Asociación Americana de Psiquiatría en su manual de trastornos mentales DSM IV, dentro del grupo de los trastornos por ansiedad que incluyen el trastorno de angustia que pueden ir acompañados o no de terror al encierro, o agorafobia, la fobia específica, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de ansiedad generalizada.
La explicación es que, aunque aparece como algo supuestamente nuevo en los últimos años, cierto cuadro de síntomas análogos a los del ataque de pánico ya había sido descrito por el vienés Sigmund Freud en 1894. El padre del Psicoanálisis le dio el nombre de “neurosis de angustia”, porque, según decía, “todos sus componentes se pueden agrupar en derredor del síntoma principal de la angustia; cada uno de ellos posee una determinada relación con la angustia”.
A la persona con ataque de pánico la invade una repentina sensación de intenso miedo o malestar, alcanzando su intensidad máxima dentro de los primeros diez minutos y llegando a tener una duración de treinta minutos aproximadamente. Para el diagnóstico, el especialista deberá saber si su paciente tiene al menos cuatro de los síntomas mencionados al principio de esta nota.
Para poder diagnosticarlo efectivamente como ataque de pánico, se explica, que las crisis de angustia del paciente “deben ser recidivantes e inesperadas y producir un cambio significativo del comportamiento, junto a un estado de permanente preocupación ante la posibilidad de aparezcan nuevas crisis y sus consecuencias”.
A cada cual su propio pánico
“Cuando un paciente llega por primera vez al consultorio viene portando la etiqueta del ataque de pánico, como un modo más seguro para él mismo de saber lo que tiene, demandando así una receta mágica que le diga que hacer ante esto carente de explicación que le ocurre . Esto es mucho más simple que ponerse a revisar porque le pasa esto que le produce sufrimiento.”
“El solo tratamiento por medicación no logra la remisión del cuadro”, se aconseja el tratamiento interdisciplinario: “Si se intenta acallar el síntoma con medicación inmediata, sin tratamiento psicológico, solo se esta tapando algo que va a estallar más adelante y en mayor magnitud. La estrategia a seguir es que el paciente comience a recorrer un camino donde pueda relacionar la crisis de angustia con algo de su historia, donde pueda responderse que es lo que no está funcionando en su vida y comience así a apoderarse de aquello que lo angustia en vez de vivirlo como algo ajeno que se le impone”.
El primer ataque de pánico se da generalmente ante una situación de mucha exigencia emocional: una mudanza, un conflicto amoroso, quedarse sin trabajo, problemas económicos, el fracaso escolar, la muerte de un ser querido o una enfermedad grave de un pariente, o una vivencia traumática. Inclusive muchos de los afectados, en su primer ataque, llaman a un servicio de emergencias médicas, ya que piensan estar sufriendo un infarto. Luego de realizarse varios chequeos médicos y seguramente con el consejo de algún profesional de la medicina aceptan que lo que les pasa no tiene un origen físico sino puramente psíquico.
La persona expresa que es una de las experiencias más aterradoras que puede padecer un sujeto en su vida: “Es la vivencia más cercana a sentir que te vas a morir”.
Pero ante cada nuevo ataque, la persona revive la angustia del primero, con lo que entra en un circuito cerrado del que le será muy difícil salir sin ayuda psicológica.

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